Hay actos que parecen sencillos, pero que desatan una revolución espiritual. Uno de esos momentos se encuentra en el pasaje donde María rompe un vaso de alabastro y derrama perfume de nardo puro sobre Jesús . Un acto de adoración, sí… pero también un acto de guerra. Ese día, la atmósfera espiritual cambió. El cielo fue tocado… y el infierno se agitó. Porque cuando se libera una verdadera fragancia de rendición, lo que está oculto en los corazones también se manifiesta. 💧 La adoración que incomoda a las tinieblas María no ofreció una alabanza tibia. Ella rompió el vaso . No lo abrió cuidadosamente para guardar algo. Lo quebró. Fue total. Fue irreversible. Fue profética. Su adoración llenó la casa… y también sacudió las estructuras espirituales. Y fue entonces que Judas habló. Pero lo que salió de su boca no fue piedad verdadera. Fue crítica disfrazada de lógica : “¿Por qué no se vendió este perfume y se dio a los pobres?” La Palabra aclara que no lo dijo por compasión, sino por...
“El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente.” – Salmo 91:1